
(Primero, disculpen por repetir el tema de Enríquez-Ominami, pero es que no deja de sorprender este muchachín)
Es de esas frases recurrentes, dignas de un monólogo del gran Coco Legrand. Cada vez que analizo con alguien el tema de la irrupción de Enríquez-Ominami, salen con el comentario: “No sé qué va a pasar, pero se puso entretenida esta cuestión”. Como si el morbo de chileno se exacerbara al tomar palco y ver cómo se soluciona este entuerto electoral que tenemos hoy en Chile.
Aparte de las caras de ciertos dirigentes tratando de sonreír ante la baja de su candidato (cosa que a mi también me da cierta risa), no veo por dónde deba causarnos gracia una situación que –a todas luces- torpedea el sistema político chileno. Ok… más de alguno me hablará de revoluciones, cambios de paradigmas y toda la verborrea pseudo antisistémica, pero en el fondo nadie en este país quiere que “las cosas cambien” ¡y no me vengan con cuentos!
Decirlo es fácil y sentarse a verlo es cómodo, pero la irrupción de Marco Enríquez-Ominami no es el triunfo de un nuevo paradigma y menos de un movimiento social con arraigo popular o ciudadano. Aunque me cae la raja, Marco es sólo un experimento que salió de madre, con una estrategia comunicacional sobresaliente. Entendió, como muy pocos, la lógica de la comunicación y sus medios (cosa que los políticos antiguos –sobre 35 años- ni siquiera dimensionan) ganándose el odio de aquellos que se quedaron en el acto en el gimnasio de la población, de la entrega de calendarios ordinarios (que nadie ocupa porque los celulares vienen con uno), de entrega de canastas familiares y, por sobre todo, de operaciones políticas en que se pasan máquina entre ellos, para después gratificarse entre cuatro gatos mojados, tomándose un whisky… de mala calidad.
Marco comprendió que mientras el Gobierno intenta distribuir el periódico “Chile Contigo” en las oficinas públicas, él podía tener portada en LUN; entendió que, mientras 21 lectores comentan la columna política de El Mercurio, él tiene a los columnistas de The Clinic (más leído que el decano… o demuéstrenme lo contrario) todos de su lado; mientras Piñera compró un canal, Marco Enríquez-Ominami sabe como copar ese mismo noticiero, con puestas en escena aún más impactantes que las del dueño del canal… fue capaz de captar que “Capital” es una revista de elite y que es mejor –muchísmo mejor- tener portada en
Pero aplaudir la claridad estratégica de Marco no lo hace merecedor de ser el Presidente de Chile, y no por cuestionar sus capacidades intelectuales que, por experiencia y genes, tiene de sobra; sino por la incapacidad de armar un Gobierno que gobierne (valga y justifíquese la redundancia).
Jaime Gazmuri dijo hace un tiempo, “la izquierda aprendió que para Gobernar se necesitan mayorías”. Lúcida frase para alguien que sufrió las consecuencias de la falta de lucidez.
Hoy en Chile estamos en esas encrucijadas que la historia nos pone por delante. No culpo a quien afirma que Frei no calienta a nadie, y no puedo sino aplaudir cuando dicen que Piñera es un personaje nefasto… pero tampoco podría felicitar a quien piensa –realmente- que Marco Enríquez-Ominami podría encabezar el Gobierno de Chile… por lo menos hoy.
Estamos de acuerdo que Marco trajo aires nuevos a la disputa electoral, pero bien saben los que degustan brebajes etílicos, que muchas veces el aire puede emborrachar mal y hacernos perder el equilibrio.


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